Cuando las teorías de conspiración se convierten en realidad, o quizas siempre fueron verdad. Después de 41 años de acuerdo a la ley de transperencia del gobierno de USA se hace público como fue que se hizo el deal de los famosos petro-dólares entre USA y Arabia Saudí en 1974. A raíz de la victoria de Israel sobre todos sus enemigos árabes y rusia en la Guerra de Yom Kippur en 1973 y también gracias a la ayuda de Nixon de enviar todo el apoyo militar posible, en 1974 el carte l de la mafia de la OPEP lleva a cabo el embargo de petróleo y doblegar a USA en donde la economía prácticamente colapsa. El fracaso no era opción así que Nixon comisionó a William Simon, secretario de tesoreria, un ex trader de bonos de Salomon Brothers para negociar con los saudí. El deal era muy sencillo: USA le compraria petróleo a Arabia Saudí, y proveera al reino con armas y equipo y a cambio los saudí comprarian bonos y tesoros del estado para así financiar la deuda que ya USA habi...
Dejando Huellas
Estas marcando la vida de otros?
Como en los mejores pasajes de «Los funerales de la Mamá Grande», el célebre relato del Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, en el sepelio de Ketherine Graham, se dieron cita personajes de todo el mundo. Desde expresidentes y diplomáticos, pasando por empresarios y actores, hasta cómicos en decadencia. Hablaban en voz baja, rigurosamente vestidos de luto y rodeados de centenares de ramos de flores provenientes de los más recónditos lugares, incluso desde regiones que no figuran en la cartografía universal.
¿El escenario? La National Cathedral, en la capital de los Estados Unidos. ¿El motivo? Rendirle honores a la mujer que desde las tribunas del Washington Post denunció irregularidades. Le acompañaron los reporteros Bob Wooward y Carl Bernstein, quienes pusieron al descubierto hechos que comprometían instancias estatales. A pesar de las presiones de poderosos grupos económicos, Katherine Graham no cedió. En 1974 el presidente republicano Richard Nixon renunció. El diario que dirigía, ganó el Pulitzer. El caso se conoció mundialmente como el Watergate.
¿Por qué razón 3.500 personas se dieron cita en el funeral de esta empresaria y periodista norteamericana? Por una razón sencilla: dejó huellas. Amigos y conocidos coincidieron en el hecho que era una mujer que obraba conforme a sus principios, con dotes de liderazgo, entusiasta, llena de optimismo, equilibrada.
Y usted, ¿deja huellas?
Esta pregunta es de suma importancia y la respuesta sólo la tiene usted. ¿Cómo son sus huellas en el hogar, en su lugar de trabajo, en su desenvolvimiento social, en la iglesia? Si debieran dar una opinión su cónyuge o hijos acerca de su comportamiento, y sus actitudes frente a la vida e incluso metas para el futuro ¿Qué dirían?
¿Ha pensado detenidamente que sus palabras, reacciones y comportamiento constituyen huellas que marcan un sendero? El carácter no se hereda. Se forja, se aprende, se pule, pero no se hereda. ¿Qué huellas deja usted en sus hijos? ¿Es usted de las personas que por donde quiera que se mueve siembran amargura, resentimiento, dolor? O por el contrario, sus huellas contagian de entusiasmo, alegría, ganas de vivir.
La Biblia nos insta a dejar huellas marcadas, que sigan quienes están alrededor de nosotros. El apóstol Pablo escribió, dirigiéndose a su joven discípulo Timoteo «…se ejemplo de los creyentes la palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (1 Timoteo 4.12). Y el propio Señor Jesucristo dijo a sus seguidores: «No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto» (Lucas 6.43).
Cambiar las huellas de amargura, resentimiento, crítica y desesperanza, sólo es posible cambiando nuestra actitud frente a la vida. Una visión derrotista, de fracaso, sólo puede transformarla Dios. ¡Anímese. Usted puede dejar huellas!
Permítale dejarle tres sugerencias:
1. Ore cada día. Pídale a Dios que lo ayude a ser una mejor persona y que sus huellas guíen a otros hacia una vida más santa.
2.Lea la Biblia cada día. En ella aprenderá maravillosos principios que le ayudarán en el crecimiento personal y espiritual.
3. Reúnase periódicamente con otros cristianos que lo ayuden a transitar un camino de permanente búsqueda de Dios.
Fuente: LaBibliaWeb.com
Estas marcando la vida de otros?
Como en los mejores pasajes de «Los funerales de la Mamá Grande», el célebre relato del Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, en el sepelio de Ketherine Graham, se dieron cita personajes de todo el mundo. Desde expresidentes y diplomáticos, pasando por empresarios y actores, hasta cómicos en decadencia. Hablaban en voz baja, rigurosamente vestidos de luto y rodeados de centenares de ramos de flores provenientes de los más recónditos lugares, incluso desde regiones que no figuran en la cartografía universal.
¿El escenario? La National Cathedral, en la capital de los Estados Unidos. ¿El motivo? Rendirle honores a la mujer que desde las tribunas del Washington Post denunció irregularidades. Le acompañaron los reporteros Bob Wooward y Carl Bernstein, quienes pusieron al descubierto hechos que comprometían instancias estatales. A pesar de las presiones de poderosos grupos económicos, Katherine Graham no cedió. En 1974 el presidente republicano Richard Nixon renunció. El diario que dirigía, ganó el Pulitzer. El caso se conoció mundialmente como el Watergate.
¿Por qué razón 3.500 personas se dieron cita en el funeral de esta empresaria y periodista norteamericana? Por una razón sencilla: dejó huellas. Amigos y conocidos coincidieron en el hecho que era una mujer que obraba conforme a sus principios, con dotes de liderazgo, entusiasta, llena de optimismo, equilibrada.
Y usted, ¿deja huellas?
Esta pregunta es de suma importancia y la respuesta sólo la tiene usted. ¿Cómo son sus huellas en el hogar, en su lugar de trabajo, en su desenvolvimiento social, en la iglesia? Si debieran dar una opinión su cónyuge o hijos acerca de su comportamiento, y sus actitudes frente a la vida e incluso metas para el futuro ¿Qué dirían?
¿Ha pensado detenidamente que sus palabras, reacciones y comportamiento constituyen huellas que marcan un sendero? El carácter no se hereda. Se forja, se aprende, se pule, pero no se hereda. ¿Qué huellas deja usted en sus hijos? ¿Es usted de las personas que por donde quiera que se mueve siembran amargura, resentimiento, dolor? O por el contrario, sus huellas contagian de entusiasmo, alegría, ganas de vivir.
La Biblia nos insta a dejar huellas marcadas, que sigan quienes están alrededor de nosotros. El apóstol Pablo escribió, dirigiéndose a su joven discípulo Timoteo «…se ejemplo de los creyentes la palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (1 Timoteo 4.12). Y el propio Señor Jesucristo dijo a sus seguidores: «No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto» (Lucas 6.43).
Cambiar las huellas de amargura, resentimiento, crítica y desesperanza, sólo es posible cambiando nuestra actitud frente a la vida. Una visión derrotista, de fracaso, sólo puede transformarla Dios. ¡Anímese. Usted puede dejar huellas!
Permítale dejarle tres sugerencias:
1. Ore cada día. Pídale a Dios que lo ayude a ser una mejor persona y que sus huellas guíen a otros hacia una vida más santa.
2.Lea la Biblia cada día. En ella aprenderá maravillosos principios que le ayudarán en el crecimiento personal y espiritual.
3. Reúnase periódicamente con otros cristianos que lo ayuden a transitar un camino de permanente búsqueda de Dios.
Fuente: LaBibliaWeb.com
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