Cuando las teorías de conspiración se convierten en realidad, o quizas siempre fueron verdad. Después de 41 años de acuerdo a la ley de transperencia del gobierno de USA se hace público como fue que se hizo el deal de los famosos petro-dólares entre USA y Arabia Saudí en 1974. A raíz de la victoria de Israel sobre todos sus enemigos árabes y rusia en la Guerra de Yom Kippur en 1973 y también gracias a la ayuda de Nixon de enviar todo el apoyo militar posible, en 1974 el carte l de la mafia de la OPEP lleva a cabo el embargo de petróleo y doblegar a USA en donde la economía prácticamente colapsa. El fracaso no era opción así que Nixon comisionó a William Simon, secretario de tesoreria, un ex trader de bonos de Salomon Brothers para negociar con los saudí. El deal era muy sencillo: USA le compraria petróleo a Arabia Saudí, y proveera al reino con armas y equipo y a cambio los saudí comprarian bonos y tesoros del estado para así financiar la deuda que ya USA habi...
París, 24 ene (EFE).- El presidente francés, Nicolas Sarkozy, reiteró hoy su intención de aprovechar la presidencia gala del G-20 para impulsar una reforma del sistema monetario internacional (SMI) y que el dólar no sea la única moneda de referencia.
Durante la presentación de las prioridades francesas este año al frente del G-20 y el G-8, Sarkozy volvió a insistir en la idea, aseguró que la reforma que tiene en mente no supone atacar al dólar, la divisa mayoritaria en los intercambios internacionales, sino una apertura a otras monedas.
Para el presidente francés el actual SMI es inexistente, se basa en la desregulación y genera desequilibrios y peligros que han quedado de manifiesto en la reciente crisis económica.
Por eso hacen falta, dijo, nuevas reglas que deberán ser establecidas por el G-20 y, en su opinión, gestionadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), una institución que Sarkozy prefiere ver pilotando la economía mundial "que diciendo a tal o tal país que tiene demasiados funcionarios".
Sarkozy pidió más control sobre los intercambios internacionales para evitar que se acrecienten los desequilibrios entre países y aseguró que propondrá la creación de "un código de conducta en materia de gestión de flujos de capitales".
Pero el presidente francés reconoció que hará falta encontrar nuevos recursos para mantener la ayuda que los países ricos han prometido a los pobres, un dinero difícil de obtener en un momento en la que la mayor parte de los países se aprieta el cinturón para afrontar la crisis.
Por eso quiere que el G-20 encuentre mecanismos "innovadores" para encontrar esos capitales y, entre ellos, Sarkozy insistió en su idea de tasar los intercambios financieros, un proyecto que el presidente galo sabe que no cuenta con el respaldo de todos los países pero que espera sacar adelante.
"Es una tasa moral, útil y eficaz para encontrar nuevos recursos para el desarrollo", afirmó Sarkozy, que reconoció que esa iniciativa tiene "grandes adversarios".
Sarkozy insistió en los problemas de hambruna generados por la especulación que rodea a los mercados de las materias primas, en los que también preconizó una regulación.
En cuanto a los productos agrícolas, el presidente francés señaló que es necesario aumentar la producción, por lo que defendió la Política Agraria Común (PAC) puesta en marcha en Europa, una agricultura subvencionada por la que Sarkozy apostó de nuevo.
Francia no quiere que el G-20 quede restringido a esos temas y Sarkozy prometió introducir otros, como el de la regulación de internet, un proyecto que el presidente francés impulsará a través de una cumbre previa a la de los jefes de Estado.
Sarkozy se comprometió a organizar una "cumbre social", con sindicatos y patronal de todo el mundo, para establecer unos niveles mínimos de "protección social universal".
Otro asunto que puede chocar con la sensibilidad de países menos dados a regular el mercado laboral y que convierten en ambiciosos los proyectos de París al frente del G-20.
Pero Sarkozy aseguró que para que su presidencia sea creíble debe acabar con avances concretos.
El presidente, que estuvo acompañado del cuerpo diplomático desplegado en París, también se refirió a asuntos de la actualidad internacional, en particular los que afectan a antiguas colonias galas, como Túnez, Costa de Marfil o Líbano.
En todos ellos el presidente aseguró que Francia tiene que extremar la prudencia para no ser acusado de injerencia neo-colonial, pero reconoció que en el caso de Túnez estuvieron algo superados por la amplitud de la revuelta.
Sarkozy rechazó las críticas de connivencia con el régimen del depuesto Zine el Abidine Ben Alí y recordó que la mayor parte de la oposición tunecina, exceptuando la islamista, estaba refugiada en Francia.
El presidente galo también envió una advertencia a Irán, a quien auguró un refuerzo de las sanciones para que hagan rectificar a sus dirigentes su intención de avanzar en el programa nuclear.
Fuente: EFE
Durante la presentación de las prioridades francesas este año al frente del G-20 y el G-8, Sarkozy volvió a insistir en la idea, aseguró que la reforma que tiene en mente no supone atacar al dólar, la divisa mayoritaria en los intercambios internacionales, sino una apertura a otras monedas.
Para el presidente francés el actual SMI es inexistente, se basa en la desregulación y genera desequilibrios y peligros que han quedado de manifiesto en la reciente crisis económica.
Por eso hacen falta, dijo, nuevas reglas que deberán ser establecidas por el G-20 y, en su opinión, gestionadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), una institución que Sarkozy prefiere ver pilotando la economía mundial "que diciendo a tal o tal país que tiene demasiados funcionarios".
Sarkozy pidió más control sobre los intercambios internacionales para evitar que se acrecienten los desequilibrios entre países y aseguró que propondrá la creación de "un código de conducta en materia de gestión de flujos de capitales".
Pero el presidente francés reconoció que hará falta encontrar nuevos recursos para mantener la ayuda que los países ricos han prometido a los pobres, un dinero difícil de obtener en un momento en la que la mayor parte de los países se aprieta el cinturón para afrontar la crisis.
Por eso quiere que el G-20 encuentre mecanismos "innovadores" para encontrar esos capitales y, entre ellos, Sarkozy insistió en su idea de tasar los intercambios financieros, un proyecto que el presidente galo sabe que no cuenta con el respaldo de todos los países pero que espera sacar adelante.
"Es una tasa moral, útil y eficaz para encontrar nuevos recursos para el desarrollo", afirmó Sarkozy, que reconoció que esa iniciativa tiene "grandes adversarios".
Sarkozy insistió en los problemas de hambruna generados por la especulación que rodea a los mercados de las materias primas, en los que también preconizó una regulación.
En cuanto a los productos agrícolas, el presidente francés señaló que es necesario aumentar la producción, por lo que defendió la Política Agraria Común (PAC) puesta en marcha en Europa, una agricultura subvencionada por la que Sarkozy apostó de nuevo.
Francia no quiere que el G-20 quede restringido a esos temas y Sarkozy prometió introducir otros, como el de la regulación de internet, un proyecto que el presidente francés impulsará a través de una cumbre previa a la de los jefes de Estado.
Sarkozy se comprometió a organizar una "cumbre social", con sindicatos y patronal de todo el mundo, para establecer unos niveles mínimos de "protección social universal".
Otro asunto que puede chocar con la sensibilidad de países menos dados a regular el mercado laboral y que convierten en ambiciosos los proyectos de París al frente del G-20.
Pero Sarkozy aseguró que para que su presidencia sea creíble debe acabar con avances concretos.
El presidente, que estuvo acompañado del cuerpo diplomático desplegado en París, también se refirió a asuntos de la actualidad internacional, en particular los que afectan a antiguas colonias galas, como Túnez, Costa de Marfil o Líbano.
En todos ellos el presidente aseguró que Francia tiene que extremar la prudencia para no ser acusado de injerencia neo-colonial, pero reconoció que en el caso de Túnez estuvieron algo superados por la amplitud de la revuelta.
Sarkozy rechazó las críticas de connivencia con el régimen del depuesto Zine el Abidine Ben Alí y recordó que la mayor parte de la oposición tunecina, exceptuando la islamista, estaba refugiada en Francia.
El presidente galo también envió una advertencia a Irán, a quien auguró un refuerzo de las sanciones para que hagan rectificar a sus dirigentes su intención de avanzar en el programa nuclear.
Fuente: EFE
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