Cuando las teorías de conspiración se convierten en realidad, o quizas siempre fueron verdad. Después de 41 años de acuerdo a la ley de transperencia del gobierno de USA se hace público como fue que se hizo el deal de los famosos petro-dólares entre USA y Arabia Saudí en 1974. A raíz de la victoria de Israel sobre todos sus enemigos árabes y rusia en la Guerra de Yom Kippur en 1973 y también gracias a la ayuda de Nixon de enviar todo el apoyo militar posible, en 1974 el carte l de la mafia de la OPEP lleva a cabo el embargo de petróleo y doblegar a USA en donde la economía prácticamente colapsa. El fracaso no era opción así que Nixon comisionó a William Simon, secretario de tesoreria, un ex trader de bonos de Salomon Brothers para negociar con los saudí. El deal era muy sencillo: USA le compraria petróleo a Arabia Saudí, y proveera al reino con armas y equipo y a cambio los saudí comprarian bonos y tesoros del estado para así financiar la deuda que ya USA habi...
Cuando digan Paz y Seguridad, entonces...
Egipto siempre ha sido una pieza clave para mantener la hegemonía norteamericana en Oriente Medio y el norte de África pero los cambios producidos en el pueblo egipcio y que tuvieron su escenificación en la Plaza Tahrir de El Cairo el día 25 de enero (día de la ira), para pedir el fin de la dictadura de Hosni Mubarak, se han traducido en una creciente desavenencia entre los Gobiernos de Egipto e Israel.
Así, bajo el mandato de Bush Jr., Egipto habría renunciado a la opción nuclear y entregado el control del espacio estratégico de Oriente Próximo a la Aviación israelí a cambio de una ayuda anual de 1.000 millones de dólares y debido a la presión de la opinión pública, se ha autorizado a Egipto y Jordania para que a finales de año emprendan la producción nuclear para uso civil bajo control estadounidense, con lo que han acumulado un retraso tecnológico de 50 años con respecto a su vecino israelí, que se vería compensado con el incremento de la ayuda económica de Estados Unidos hasta alcanzar los 3.000 millones de dólares anuales.
Sin embargo, los desencuentros se plasmaron tras conocerse la firma de un acuerdo de reconciliación el 5 de mayo en El Cairo con la presencia de Mahmud Abás y el líder político de Hamás Jaled Mashal, bajo supervisión de la Liga árabe y el manifiesto del presidente palestino en el sentido de avanzar en los esfuerzos para la creación de un Estado palestino fuera de las negociaciones con Israel y teniendo en cuenta las fronteras de 1967, opción que cuenta ya con el apoyo de países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y Paraguay.
A ello se sumaría la sospecha de que El Cairo reanuda sus vínculos con Irán y renegocia un antiguo contrato para suministrar gas natural a Israel, siendo la guinda del pastel la decisión de las autoridades egipcias de abrir el cruce hacia Gaza en Rafíaj (cerrado durante los últimos cuatro años como parte del bloqueo del enclave, respaldado por Occidente, a fin de debilitar a Hamás, el grupo islamista radical que gobierna la Franja), lo que en la práctica equivale al fin efectivo del bloqueo.
Hacia un Gobierno de Unidad israelí
Desde que los movimientos palestinos Fatah y Hamás anunciaron su reconciliación, después de cuatro años de disputas, los líderes israelíes no han dejado de expresar su preocupación e incredulidad.
Así, el primer ministro israelí, Benjamin Netaniahu, calificó el acuerdo de “tremendo golpe para la paz y gran victoria para el terrorismo” y Tzipi Livni acusó al Gobierno del primer ministro Netaniahu del actual estancamiento en las conversaciones para la paz con los palestinos por no avanzar en la búsqueda del final del conflicto mediante la existencia de dos Estados conviviendo uno junto al otro en armonía.
Lieberman, el obstáculo para la paz
Líder del partido Israel Beitenu y residente en el asentamiento de Nokdim (en el territorio disputado de Judea y Samaria, nombres bíblicos de Cisjordania), Avigdor Lieberman encabeza el sector más intransigente de la coalición de Gobierno y desde el principio se ha mostrado muy escéptico sobre el proceso negociador en el que se hallan embarcados Netaniahu y el presidente palestino, Mahmud Abás.
Las desavenencias entre Netaniahu y Lieberman no son nuevas pues ya tuvieron un sonoro desencuentro el pasado mes de junio, pero la intransigencia de la ultraderecha podría terminar por hacer añicos la actual coalición de Gobierno (formado por el Likud; Shas, Israel Beitenu y el Partido Laborista), con una mayoría cómoda de 66 diputados pero lastrada por su hetereogeneidad y sus irreconciliables diferencias sobre la política de nuevos asentamientos.
Caso de romperse la actual coalición de Gobierno, habría llegado el momento de la ganadora moral de las pasadas elecciones en Israel: Tzipi Livni, líder del Partido Kadima (28 diputados) y actualmente líder de la oposición (la baza oculta de la Administración Obama para encauzar definitivamente el proceso de paz palestino-israelí).
Tzipi Livni evolucionó desde el ultra nacionalismo sionista de su juventud a un posibilismo que asume la estatalidad palestina y la renuncia a parte de Cisjordania para preservar el carácter judío del Estado de Israel y fiel al pensamiento de Ben Gurión: “Prefiero la unidad del pueblo judío, a la unidad territorial de Israel”, estaría dispuesta a recorrer un largo trecho en forma de concesiones a cambio de la paz con los vecinos árabes, aunque siempre con la condición sine qua non de lograr que el Estado de Israel sea fuerte, autosuficiente y respetado por los países de la región.
Dicho Gobierno de Unidad estaría constituido por Kadima (28 diputados), Likud (27) y Avodá (Partido Laborista israelí (13). Lograría una cómoda mayoría (68 escaños del total de 120 que componen el actual Parlamento, lo que daría estabilidad al futuro Gobierno y permitiría retomar con fuerza las colapsadas conversaciones de paz con los palestinos.
Implicación personal del presidente Obama
El presidente Barack Obama recibió al primer ministro Biniamín Netaniahu en la Casa Blanca, tras la visita de Shimon Peres a Washington en el que habría adelantado a Obama las líneas maestras de un nuevo plan de paz que Netaniahu tenía intención de anunciar.
Obama se ve obligado a participar personalmente en el proceso de negociación con el objetivo de establecer las bases para la creación del futuro Estado palestino (previo reconocimiento del Estado de Israel por parte palestina ), contando con la ayuda de la Unión Europea que sometería a estudio la revisión de los tratados preferenciales con Israel como medida de presión para el retorno a las negociaciones de paz.
Dicha negociación podría concluir con la firma de un Tratado de Paz entre el nuevo primer ministro y el nuevo presidente de la Autoridad Palestina tras la retirada definitiva de Abás (acusado por Hamás de ser un aliado estratégico de Estados Unidos e Israel y presidente ilegítimo de los palestinos desde que su mandato finalizara en enero pasado), impasse político que podría tener su desenlace en el año 2012 con la elección de un nuevo presidente de la Autoridad Palestina que sería el representante del nuevo Gobierno de Unidad que surgirá tras la previsible convocatoria de elecciones para finales de 2011.
Acuerdos de Oslo III
Bajo presión del Cuarteto para Oriente Próximo, Hamás procedería a la liberación del soldado judío Guilad Shalit (cautivo en la Franja desde el 25 de junio de 2006), renunciar a la violencia y aceptar los acuerdos respaldados por la Autoridad Palestina, como los de Oslo y en contrapartida, Israel accedería a flexibilizar el boicot a la Franja de Gaza, no siendo descartable la aplicación por parte de la ONU del Capítulo VII de su Carta Constitutiva.
Dicha Carta establece que “cuando una zona o área determinada cae bajo el control de un grupo político-militar (como lo es Hamás), y cuando la población civil está expuesta o bajo fuego debido a las acciones militares de ese grupo, el Consejo de Seguridad de la O„NU debe intervenir para asegurar la protección de la población civil y al establecimiento de la paz allí donde se haya alterado”, emulando las pasadas intervenciones de las Naciones Unidas en zonas como Bosnia y Timor Oriental.
Dicho acuerdo contaría con las bendiciones políticas de Egipto, Rusia, Siria e Irán y como colaboradores económicos necesarios en la reconstrucción de Gaza a Arabia Saudita, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y los Emiratos Árabes (con un costo de 2.000 millones de dólares) y debería ser global y vinculante para todos los países de Oriente Medio y lograr la instauración de un nuevo statu quo en la zona (“Pax obamaniana”), una vez resuelto el contencioso nuclear de Estados Unidos con Irán y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.
Esta operación contará con la inicial oposición del influyente lobby judío americano, pero que podría terminar aceptando al recibir Israel como contrapartida las bendiciones de Obama a la culminación del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental) y el incremento de la ayuda económica cifrada durante la Administración Bush en unos 3.000 millones de dólares de ayuda (monto que representa casi el 2% del PBI de Israel).
Sin embargo, en caso de producirse un acuerdo de paz será inestable y su duración dependerá de las negociaciones de Israel con Siria para la devolución de los Altos del Golán y de la futura actitud de Hizbollah y Hamás, pues si ambas formaciones persisten en sus ataques a territorio israelí, podría incrementarse la tensión en la zona y reeditarse la “Operación Plomo Fundido”.
Inestabilidad en Egipto
Por otra parte, la carestía de productos agrícolas básicos para la alimentación (trigo, maíz, arroz, sorgo y mijo) y el incremento bestial de dichos productos en los mercados mundiales que tuvo su punta de iceberg en el año 2007 e irá presumiblemente in crescendo a lo largo de la próxima década hasta desembocar en una crisis alimentaria mundial que afectaría especialmente a Egipto en forma de desorbitante carestía y escasez de alimentos básicos, que en el caso egipcio vendría agravado por su desarrollo económico suicida al favorecer crecimientos desmesurados de macrourbes y megacomplejos turísticos y la consiguiente reducción de superficie dedicada al cultivo agrícola.
Ello provocó violentos estallidos sociales y un golpe de Estado (rememorando a Nasser en 1956) y posterior estrechamiento de relaciones ruso-egipcias que convertirían a Egipto en el portaaviones continental de Rusia y aunado con la extensión de su área de influencia al resto de países árabes que circundan a Israel (Siria, el Líbano, Palestina y Jordania), gestaría la semilla de un nuevo movimiento panislamista que podría terminar por reeditar la Guerra de los Siete Días.
Caso de consumarse el enfrentamiento bélico y una nueva victoria militar israelí, asistiríamos a la anexión de la Franja de Gaza, del sur del Líbano y del Sinaí, quedando Israel con un escudo protector completado con la culminación del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio, incluida Jerusalén Oriental) y el control de los Altos del Golán, contando Israel con Obama y su fuerza nuclear disuasoria como únicos aliados y el pueblo palestino condenado a la diáspora y al ostracismo político internacional.
Fuente: AuroraDigital
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