La historia de la mayor organización terrorista de los últimos tiempos
comienza en las celdas de Camp Bucca, una cárcel en el sur de Irak
establecida y administrada por las tropas estadounidenses tras la
invasión del país árabe en 2003. Algunos de aquellos prisioneros de
guerra -enfundados en monos color amarillo o naranja, según las
condenas- son hoy los cabecillas del Estado Islámico. Entre ellos, el que una década más tarde se convertiría en su temido líder: Abu Bakr al Bagdadi.
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