Dr. David Reagan. L a m b & L i o n M i n i s t r i e s
Cuando empecé a estudiar la profecía bíblica, la pregunta, “¿Qué
propósito cumpliría el Milenio?”, realmente me molestaba. La Palabra
claramente enseña que el Señor va a regresar a esta tierra para reinar
por mil años. Pero yo seguía preguntando, “¿por qué?” Desde entonces he
descubierto que la mayoría de los amilenialistas sienten de esa misma
forma. Ellos preguntarán, “¿por qué querría el Señor regresar a este
mundo putrefacto? ¿Cuál posiblemente podría ser Su propósito para
regresar a este mundo para reinar por mil años? ¿Por qué necesitan el
Señor o el mundo un Milenio?” Mi estudio de la Palabra me ha llevado a
la conclusión de que Dios tiene varios propósitos de vital importancia
para el Milenio.
PROMESAS A LOS JUDÍOS
La primera razón por la que debe haber un Milenio es que Dios ha
hecho promesas a los judíos que El cumplirá durante esa época. Dios ha
prometido que El reunirá en la tierra de Israel al remanente de judíos
que acepten a Jesús como su Mesías al final de la Tribulación (Ezequiel
36:22-28 y Zac. 10:6-9). El derramará Su Espíritu sobre este remanente
(Is. 32:15; 44:3), aumentará grandemente su número y su tierra (Ez.
36:10-11; 48:1-29) y los hará la nación más importante de todo el mundo
(Is. 60-62). Servirán como una lección objetiva de la gracia y la
misericordia que Dios otorga a aquéllos que se vuelven a El en
arrepentimiento: “Y sucederá que como fuisteis maldición entre las
naciones, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis
bendición” (Zac. 8:13). Zacarías dice que las bendiciones de Dios sobre
el remanente judío serán tan grandes en esos días que “…diez hombres de
las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío diciendo:
„Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros” (Zac. 8:23).
PROMESAS A LA IGLESIA
Una segunda razón para el Milenio se relaciona con una promesa que
Dios ha hecho a la Iglesia. Dios ha prometido que los Redimidos en
Cristo reinarán sobre todas las naciones del mundo. Esta promesa fue
dada a través del profeta Daniel en las siguientes palabras: “Y que
el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el
cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es
reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (Daniel 7:27). En el Nuevo Testamento, Pablo repitió la misma promesa en los términos más sencillos: “Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Ti. 2:12). Jesús afirmó la promesa en Su carta a la iglesia de Tiatira cuando escribió: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro…”
(Ap. 2:26-27). Cuando Juan fue llevado al Cielo para visitar el salón
del trono de Dios, escuchó una hueste celestial entonando un cántico que
contenía el siguiente versículo: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Ap. 5:10).
Esta promesa a la Iglesia de dominio mundial va a ser cumplida
durante el Milenio. Eso es a lo que Jesús se estaba refiriendo en el
Sermón del Monte cuando dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”
(Mt. 5:5). Jesús reinará como rey del mundo desde el Monte Sión en
Jerusalén (Is. 24:23 y Zac. 14:9). Los Redimidos, en sus cuerpos
glorificados, le ayudarán con Su reinado sirviendo a nivel mundial como
administradores, jueces y tutores espirituales de aquéllos que entren en
la carne al reino – y de sus hijos (Dn. 7:18,27; Jer. 3:15; Lc.
19:11-17).
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